10 Dec 2019

Don José y sus cultivos de arroz que se convirtieron en un santuario para las aves

Con el apoyo de la Asociación Calidris, socia de BirdLife International en Colombia, y mediante el proyecto “Las Alas del Arroz”, cientos de aves residentes y migratorias han encontrado alimento y refugio en los cultivos de arroz orgánico de José Jarvi Bazán.

José Jarvi Bazán junto a su esposa, Nelly Lucumí, en los cultivos orgánicos. © Asociación Calidris
José Jarvi Bazán junto a su esposa, Nelly Lucumí, en los cultivos orgánicos. © Asociación Calidris
By Emilia Ulloa

José Jarvi Bazán es un hombre reservado, pero con convicciones firmes. En el 2004, optó por cambiar sus prácticas tradicionales para cultivar arroz por un proceso libre de químicos, que respete la biodiversidad. Desde entonces, no se ha dado por vencido, convirtiéndose en agricultor pionero de la producción de arroz orgánico en Colombia y en toda Latinoamérica. 

Con el apoyo de la Asociación Calidris, socia de BirdLife International, y mediante el proyecto “Las Alas del Arroz”, los cultivos de arroz orgánico a los que Don José ha dedicado tantos años de trabajo y esfuerzo, se han convertido en un santuario para cientos de aves residentes y migratorias.

Vista panorámica de los cultivos de arroz. © Asociación Calidris

Un ejemplo de perseverancia

Cuando Don José empezó a utilizar métodos de producción más limpia, nunca imaginó que su finca “El Renacer”, ubicada en Colombia, al sur del Valle del Cauca en el municipio de Jamundí, se convertiría en un lugar tan especial para la conservación de aves.

Al inicio, su principal motivación era lograr que sus cultivos fueran más saludables porque se dio cuenta que los pesticidas que utilizaba eran demasiado tóxicos para el ambiente y también degradaban sus tierras. Junto con su esposa, Nelly Lucumí, comenzó a elaborar agroquímicos naturales que utilizaba para combatir plantas arvenses y plagas, principalmente insectos. De las 5,2 hectáreas de su terreno, Don José dedica alrededor de 4,5 hectáreas al arroz.

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El camino no ha sido fácil porque en ese entonces los productos verdes no eran reconocidos ni valorados. “al principio nos estaba yendo muy mal, casi no producíamos arroz y aparte no lo podíamos vender como orgánico, solo lo vendíamos de casa en casa porque no había el comercio”, comenta Don José recordando aquella época difícil.

Gracias al apoyo que recibió de su esposa y de su familia, él nunca se dio por vencido y después de 4 años, en el 2008, conoció a Yanira Cifuentes, bióloga de la Asociación Calidris y coordinadora de la iniciativa “Las Alas del Arroz”. Ese encuentro se transformó en una oportunidad para Don José y para las aves.

Nelly Lucumí, José Jarvi Bazán y la bióloga Yanira Cifuentes. © Asociación Calidris

“En Colombia la información que teníamos no era tan relevante, solamente se sabía que los arrozales recibían aves, pero no había un protocolo de investigación, no se realizaban monitoreos o seguimiento a las poblaciones”, explica la bióloga. Después de años de investigación, la Asociación Calidris descubrió que hay aves como el correlimos pectoral (Calidris melanotos), el correlimos zancón (Calidris himantopus) o el chorlito semipalmeado (Charadrius semipalmatus), que prefieren tener como hábitat los cultivos orgánicos de arroz.

Certificar el cultivo como orgánico requirió varios años de arduo trabajo y el cumplimiento de estrictos requisitos. Entre el 2009 y el 2012, comenzó la primera fase de este largo proceso.

Lo primero que la Asociación Calidris hizo fue monitorear la existencia de aves en los cultivos. Este trabajo confirmó la presencia de 300 especies, de las cuales 20 son migratorias. Para ese entonces, alrededor de doce productores de la zona se habían sumado a esta iniciativa y entre niños y adultos participaron en los muestreos y conteos.

“Al principio no sabíamos nada de las aves, las veíamos en los campos y en los árboles, pero no teníamos el conocimiento de que aves eran y ahí vino Calidris a hacer talleres y capacitar a los niños para enseñarles cuales eran esas aves, sus nombres y como se llaman los árboles que están en nuestra vereda”, recuerda Don José. Para Yanira “ese primer acercamiento con las aves que llegaban a su casa, fue súper valioso para ellos” porque Don José Bazán y los otros productores empezaron a desarrollar un sentido de apropiación de sus territorios y entendieron el valor de lo que estaban produciendo.

Los caminos difíciles siempre traen recompensas 

No es fácil convertir un cultivo de arroz convencional a uno totalmente orgánico. Existen varios riesgos, por ejemplo, la baja producción. En su finca Don José produce entre 2 a 4 toneladas, mientras que un cultivo convencional le daría hasta 10 toneladas por hectárea, es decir, ahora produce únicamente una quinta parte de arroz. “Entonces, un grano que no te de la producción suficiente no es rentable para nada”, agrega Yanira Cifuentes.

Pese a todas las dificultades económicas, climáticas y hasta emocionales, este agricultor pionero ha demostrado ser un ejemplo de perseverancia y dedicación, y por esto, la Asociación Calidris decidió entregarle en el 2010 el primer sello verde “Arroz Amigo de las Aves” como un incentivo y reconocimiento a su labor. Con una sonrisa en su rostro, Don José dice que “la gente de Calidris ha sido un apoyo muy grande, ellos sí que me animan. Una vez ya les dije que me iba a retirar y no me dejaron darme por vencido”.

Los cultivos de arroz orgánico de José Jarvi Bazán. © Asociación Calidris

Esta certificación es parte del Proyecto de “Las Alas del Arroz” que nace en el 2009 en el marco de la convención Ramsar donde se crea una resolución que busca “mejorar la biodiversidad en los arrozales como sistemas de humedales artificiales”.  

Don José recibió este sello gracias a que sus arrozales respetan la biodiversidad porque no utiliza agrotoxicos, se hace un buen uso del suelo y del agua y su finca tiene árboles que sirven como cercas o barreras vivas. Estas actúan como “muro” natural que impide que insumos químicos sintéticos de otros cultivos, que generalmente suelen esparcirse en el aire, lleguen al cultivo orgánico. La bióloga agrega que “son conexiones súper importantes para el desplazamiento de las aves y también de otra biodiversidad como mamíferos y reptiles”.

A finales de 2012, la Asociación Calidris y la Arrocera “La Esmeralda” firmaron un convenio para avalar todo el proceso que Don José había venido realizando durante tantos años y deciden bautizar su producción como “Arroz orgánico Blanquita”, bajo estándares internacionales.

La dedicación y esfuerzo de Don José han sido recompensados. Actualmente, recibe delegaciones de arroceros y organizaciones de Estados Unidos, Perú y Japón que están interesados en aprender sobre su modelo de cultivo.

Un santuario para las aves

Cientos de aves han encontrado en los arrozales de Don José un oasis que les proporciona alimento y refugio. A cambio, muchas de estas se encargan de controlar las plagas que ponen en peligro sus cultivos.

Por ejemplo, aves rapaces como el gavilán caminero (Rupornis magnirostris) ayudan al control de ratones, otras especies como aves playeras, atrapamoscas y turpiales, como el turpial cabeciamarillo (Chrysomus icterocephalus) consumen insectos plaga como gusanos y la mariposa novia del arroz, que son altamente perjudiciales.

En los arrozales del Valle del Cauca se han encontrado 300 especies de aves, de las cuales 20 son migratorias. © Asociación Calidris

En los cuatro meses de vida de un arrozal, diferentes visitantes alados llegan a este pequeño rincón de Jamundí que funciona como un humedal en sus primeras fases de desarrollo y como pastizal, cuando el nivel del agua ha descendido.

En la primera fase del cultivo, cuando los lotes están repletos de agua y el agricultor empieza a trasplantar las plántulas, las aves acuáticas empiezan a hacer su aparición por bandadas. Yanira Cifuentes explica que primero llegan los patos migratorios (Spatula discors), seguido por aves playeras como el correlimos diminuto (Calidris minutilla), las pollas de agua (Porphyrio martinica), las ibis (Plegadis falcinellus) y coquitos (Phimosus infuscatus) además de muchas otras, provenientes de distintas regiones de Colombia, Estados Unidos y Canadá.

Cuando empieza a salir una pequeña espiga verde y la planta de arroz alcanza los 50 cm, aparecen especies como los turpiales y las garzas (Egretta thula y Egretta caerulea), que aprovechan los insectos para alimentarse.

Semanas después, aparecen los semilleros como canarios (Sicalis flaveola) y los espigueros (Sporophila nigricollis y Sporophila minuta), finalmente, cuando llega el momento de la cosecha, llegan aves como las palomas (Zenaida auriculata) y sus predadores, las aves rapaces, como el halcón peregrino (Falco peregrinus), que se posan en la copa de los árboles o en los cercos desde donde cazan.

Los andarríos migratorios (Tringa flavipes) aprovechan los arrozales inundados para alimentarse de larvas de mosquitos que son transmisores de enfermedades para el ser humano. © Asociación Calidris

La finca de Don José se ha convertido en un referente no solo para Colombia sino a nivel mundial. Yanira Cifuentes argumenta que es una “vitrina modelo para otras organizaciones, agricultores y arroceros”.

Don José habla con orgullo de sus arrozales y de las aves que lo visitan en su hogar durante cada cosecha, reconoce que especies llegan a su finca, diferencia a las residentes de las migratorias, sabe cuándo llegan, cuando se van y de donde vienen. Estos pequeños emplumados y su finca “El Renacer” se han convertido en un tesoro para él: “El mayor beneficio de todo el esfuerzo que hago son las aves, ahora las tierras están nutridas, ya no tenemos peligro de que vamos a envenenarnos y viene mucha gente a visitarnos y conocer lo que hacemos”, concluye con humildad.