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Asia
27 Jun 2017

La receta coreana para salvar al correlimos

En la costa oeste de Corea del Sur, resiste un preciado fangal en mitad de una costa poblada de cemento y de hormigón. Siguiendo al equipo de BirdLife que visitó la zona con los responsables gubernamentales que quieren salvar la zona gracias al turismo de naturaleza, contamos la historia de la isla de Yubu, de su renombrada cocina y de sus millones de aves.

© Condado de Seocheon
© Condado de Seocheon
By Samir Whitaker, traducido por SEO/BirdLife

Los cazas militares realizan salidas regularmente sobre nuestras cabezas provocando el vuelo de miles de aves playeras que se asientan en la orilla. Dan vueltas en una auténtica formación antes de volver a tierra firme y seguir con su alimentación junto al mar. Miramos hacia el sur, a través de un neblina propia de otro mundo, donde a menos dos dos kilómetros de distancia se levantan las estructuras de una gran zona industrial. Estamos en la mitad de la costa oeste de Corea del Sur.

Aquí, antes de subir a nuestro barco, dejamos atrás enormes tuberías que zumban mientras una gigantesca máquina de dragado, que flota en la desembocadura del río, bombea arena hacia fuera. Más al sur, invisible pero inequívoca, se alza uno de los proyectos de recuperación de tierra más grandes de la historia de la humanidad: el muelle de Saemangeum. En concreto, treinta y tres kilómetros de largo. Un área de cuatrocientos kilómetros cuadrados  donde antes se hallaba un característico hábitat intramareal.

La pérdida de esa zona, y de otros innumerables zonas de fango en el entorno del mar Amarillo,   obliga a las aves playeras a buscar los cada vez más reducidos espacios donde todavía se puede encontrar alimento y aliento entre el cemento. El problema es que cuando topan con uno, sus apretadas bandadas se encuentran con cada vez menos comida.

Clouds of shorebirds seek refuge in the mudflats around Yubu Island © Seocheon County

En medio de este contexto,al norte de  Saemangeum, ha surgido un inesperado atisbo de esperanza: una pequeña isla con apenas unas pocas casas en la que la vida depende de las recompensas en forma de pescado y marisco que quedan atrapadas en el fango. Aquí, en Seocheon, el Gobierno local se ha dado cuenta del valor natural de la zona y está haciendo todo lo posible para protegerla tanto para las aves como para los seres humanos.

La isla de Yubu-do y el estuario de Geum, donde se encuentra, se consideran ahora un enclave de gran importancia para las aves playeras de Corea del Sur. Se estima que el 70% de las que visitan el país se pueden avistar aquí, una parada crucial para recargar pilas durante el viaje migratorio entre Australia o Nueva Zelanda y la costa ártica de Rusia o Alaska.

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Este hecho no solo convierte a este entorno en IBA -un área de importancia para las aves y la biodiversidad- sino en espacio designado por el convenio de Ramsar sobre humedales y por la East Asian-Australasian Flyway Partnership (EAAFP). Para estas aves, capaces de realizar un increíble viaje de 20.000 kilómetros cada año, este es EL SITIO cuando llegan a Corea del Sur para descansar, alimentarse antes de proseguir… y, por tanto, para sobrevivir.

En este contexto, la isla de Yubu podría proveer de una oportunidad única para sus residentes: convertir la zona en un paraíso para el birdwatching y el turismo gastronómico, al tiempo que se garantiza un santuario para las aves.

Entre las miles de aves que llenan el cielo y los fangales a nuestro alrededor, se pueden encontrar cantidades significativas -incluso a escala internacional- del correlimos grande, una ave limícola conocida por haber protagonizado el corto ganador de un Óscar, Piper. También el zarapito de Sibera, el correlimos falcinelo, el ostrero eurasiático o el críticamente amenazado correlimos cuchareta.

The team coming back from Yubu Island © EAAFP

La isla se ha convertido en un punto neurálgico para la avifauna pero el ancho estuario donde se halla también acoge poblaciones de especies amenazadas como el archibebe moteado o algunas de las bandadas de cerceta de Baikal más grandes del mundo.

Para aprovechar este espectacular fenómeno, el Gobierno local de Seocheon ha desarrollado una infraestructura para favorecer el ecoturismo que incluye el Centro de Migración de Aves del río Geum, una magnífica instalación centrada en la educación ambiental de los más jóvenes. Cada año, la zona atrae a miles de visitantes, deseosos de probar la fresca gastronomía de mar y realizar alguna de sus rutas de naturaleza. 

La zona es todo un ejemplo de sostenibilidad: sus habitantes, casi todos por encima de los 60 años de edad, continúan pescando en el fangal a mano y con utensilios tradicionales, como han hecho durante siglos, sin abusar nunca. Viendo el estuario desde su perspectiva, uno puede entender cómo y por qué tienen un acuerdo no escrito para compartir los recursos del humedal con las aves y asegurar que pasen de generación a generación, a pesar del ingente desarrollo que se atisba en el horizonte.

La diversidad y abundancia de almejas juega un papel fundamental en identidad cultural de la zona, donde el marisco es comida cotidiana e icono turístico. Colocar la isla de Yubu en el panorama del turismo de naturaleza puede ser clave para prevenir la industrialización de estos humedales, si se hace de forma razonable.

Con un creciente interés y compromiso en la conservación de la naturaleza -el Gobierno de Corea del Sur ha acogido diversos encuentros a escala internacional sobre la materia, y a una creciente comunidad de ornitólogos y biólogos-, los asuntos ambientales están ganando protagonismo. Young-min Moon, un ornitólogo coreano e investigador postdoctoral sobre aves playeras que nos ha acompañado en este viaje a Yubu-do, ofrece su visión sobre el asunto:

“Este lugar debe salvarse no solo como un área de importancia para las aves sino también como un símbolo del compromiso de Corea para proteger su medio ambiente y su legado cultural. Es algo que nuestro Gobierno quiere hacer pero también es algo que la gente quiere ver”

Seocheon County signing a Memorandum of Understanding with BirdLife © Shaun Hurrell

Por el momento, el Ejecutivo coreano ha designado 12 espacios dedicados al ecoturismo, incluyendo Seocheon, donde las autoridades nacionales se esfuerzan en promover esta alternativa frente a la expansión industrial. Para lograr este objetivo, BirdLife International y el Condado de Seocheon  firmaron un memorándum de entendimiento en 2014 para “proteger a las aves playeras y desarrollar un turismo de naturaleza que beneficie a los hábitats y las especies”. Nuestra visita a Yubu y la celebración del Día Mundial de los Humedales que la siguió forman parte del plan de acción derivado de este acuerdo.

El responsable de Ecoturismo del Condado de Seocheon, que también nos acompañó en el viaje, explicó: “Durante los últimos 12 años, la prioridad de Seocheon ha sido la sostenibilidad y la preservación de la naturaleza. Este acuerdo reafirma nuestro compromiso con la conservación”.

El Condado de Seocheon se ha abierto a nuevas colaboraciones, como la que mantiene con BirdLife Australia, junto a Woodside Energy, para conservar hábitats a lo largo del corredor de migración Asia-Australia.

The mudflats are an important stopover site for Spoon-billed Sandpiper © EAAFP

Como medida de conservación estrella, el Ejecutivo coreano está trabajando para lograr la designación de la isla de Yubu  como espacio Patrimonio de la Humanidad, algo que le otorgaría el reconocimiento internacional que merece, además de en otros grados de protección nacionales. Ojalá lleguen todos al mismo tiempo. Uno de sus residentes nos comentaba: “Nos estamos haciendo mayores. Los más jóvenes no quieren ir a pescar y no quieren vivir en una isla que sienten que no les ofrece nada”.

Mientras volvemos a nuestro barco, dejando la tranquilidad de la isla detrás y dirigiéndonos de nuevo hacia el zumbido de las tuberías y las grúas, el grupo se sume en la melancolía. Aunque todos volvemos con “glorioso barro del Geum en nuestras botas”, como señala un colega. Se trata de un recordatorio de que ahí son ricos en naturaleza, y aunque los desafíos son muchos, la isla de Yubu podría -con el apoyo adecuado-  garantizar la calidad de vida de sus habitantes c gracias al birdwatching y el turismo gastronómico, al tiempo que afianza una zona de descanso y aliento seguro para millones de aves.

Es preciso llamar la atención sobre este santuario natural y sobre otros puntos en la costa del mar Amarillo para atraer a futuros custodios, gente que prefiera sacar provecho del espectáculo de miles de aves playeras y abundante marisco, en lugar de hormigón.