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14 Apr 2017

Contra viento y marea: salvando al pingüino de las Galápagos

Las cálidas aguas que tanto nos gustan a los humanos son también un paraíso para el pingüino de las Galápagos, el único pingüino que vive al norte del ecuador. Pero no todo es un camino de rosas para el pingüino más escaso del mundo.

El pingüino de las Galápagos es el único que vive al norte del ecuador © Shutterstock
El pingüino de las Galápagos es el único que vive al norte del ecuador © Shutterstock
By Alex Dale

Si te sorprende oír que existan pingüinos rebozándose en la arena en playas africanas o correteando por las ciudades de Nueva Zelanda, prepárate para conocer al único pingüino que vive en pleno ecuador.

El pingüino más septentrional del planeta ha encontrado su hogar en un archipiélago tropical con temperaturas que llegan a ser sofocantes. No podemos estar más lejos de la típica imagen de los pingüinos apiñados y helados de frío en el polo sur.

Estamos en las Galápagos – una cadena de islas volcánicas situadas a 563 millas al este del país al que pertenecen, Ecuador.

Estas islas no necesitan carta de presentación para los amantes de la naturaleza: su biodiversidad y especies únicas en el mundo son casi legendarias. Bien sabido es que fue en esta isla donde Charles Darwin se inspiró tras su visita en el siglo XIX para desarrollar sus teorías de la evolución y de la selección natural.

De hecho, el pingüino de las Galápagos Spheniscus mendiculus debería de ser el ejemplo modelo para explicar la evolución. ¿Cómo es posible que este diminuto pingüino se haya adaptado a vivir en un sitio tan poco común?

La respuesta es, con muchas dificultades. Para sobrevivir el sol abrasador del ecuador, las teorías de Darwin han tenido que trabajar horas extra. Físicamente, este pingüino ha ido perdiendo tamaño a medida que ha ido evolucionando – este cambio le permite mantenerse más frío, dado que los animales con menor superficie pierden calor de manera más eficiente.

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También ha evolucionado perdiendo plumas y tiene hasta zonas de piel desnuda que le permiten difundir el calor del sol para mantenerse más frescos.

Cuando esto no es suficiente para enfriarse, encontrarás a estos pingüinos en su característica pose con las alas estiradas, captando la brisa del océano y jadeando como perros.

Si te fijas lo suficiente, veras que tienen cuidado de echar su cuerpo para adelante, para hacer sombra a sus pies y así protegerlos del sol ardiente.

Los desafíos tan particulares de este paisaje isleño han forzado a esta especie a cambiar su ciclo de cría, su figura y su comportamiento: se han convertido en oportunistas.

En vez de seguir ciclos estrictos de cría, como otras especies, los pingüinos de las Galápagos se emparejan de por vida y se quedan cerca de sus zonas de nidificación todo el año, dispuestos y a la espera, hasta que surja la oportunidad de reproducirse.

Estos pingüinos tienen que mantener su mente abierta y estar dispuestos a ir al grano cuando les toque: la disponibilidad de alimento está a merced de las corrientes oceánicas, muy poco predecibles.

Los pingüinos solo tratan de reproducirse cuando la temperatura del mar está por debajo de cierta temperatura. Al enfriarse la corriente, suben los nutrientes en el mar y por lo tanto empiezan a llegar los peces pequeños, y con ellos, peces más grandes.

Sin duda, el hecho de que esta especie haya conseguido un hueco en este nicho tan específico es testimonio de la increíble resistencia que tiene la familia de los pingüinos en general.

Sin embargo, esta especie es la más rara y más amenazada de todos los pingüinos, con una población estimada de solo 1200.

La principal amenaza para su supervivencia es una que conocemos bien: el impacto del hombre. Como es el caso para otras especies amenazadas como el pingüino saltarrocas norteño Eudyptes moseleyi, su rango de distribución restringido les hace especialmente vulnerables a eventos catastróficos.

El 95% de la población mundial de esta especie está confinada a dos islas, Isabela y Fernandina, justo dentro de la frontera del Parque Nacional de las Galápagos, lo que permite a las autoridades gestionar amenazas locales como especies invasoras y molestias causadas por los humanos en las zonas de cría.

Pero hay un mayor problema que los biólogos de bota no pueden arreglar: el cambio climático.

El mismo ciclo climático impredecible que dicta los hábitos de cría del pingüino de las Galápagos puede barrer partes de su población en un abrir y cerrar de ojos – y ya lo ha hecho en el pasado.

El fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS): una variación irregular en la presión atmosférica que resulta en subidas y bajadas periódicas en la temperatura oceánica. Así como el enfriamiento trae abundantes cantidades de peces, los periodos de calentamiento traen hambruna.

Un periodo largo de calentamiento, como ocurrió durante los años 1982 y 1983, resultó en una pérdida casi catastrófica del 77% de toda la población de esta especie, y otro evento parecido en 1997-1998 resultó en una caída del 66%.

En ambos casos, las poblaciones de pingüinos consiguieron recuperarse, pero fue un proceso muy lento, lo que preocupa a los conservacionistas que trabajan en las islas.

El Dr. Gustavo Jiménez es un investigador de la Charles Darwin Foundation, una ONG que trabaja desde 1959 para proporcionar conocimiento científico con el objetivo de conservar la vida salvaje de las Galápagos.

“La hipótesis es comprobar si el cambio climático está afectando procesos naturales como el ENOS. Si eventos como El Niño y La Niña ocurren con mayor fuerza y frecuencia, las especies no tendrán tiempo de recuperarse”, añade Jiménez.

Para mejorar el entendimiento de las tendencias poblacionales a largo plazo y las expectativas de la especie, la Charles Darwin Foundation lleva a cabo tres programas de monitoreo al año, marcando tanto a individuos como a los nidos. A continuación, censan las colonias para comparar las tasas de supervivencia y mortalidad.

Jiménez tiene claro cuál es las consecuencia si ENOS empieza a ocurrir más a menudo: el pingüino de las Galápagos se extinguirá. Por  desgracia, la solución es más difícil de discernir.

“A través de la investigación y el intercambio de información, esperamos demostrar a los políticos el verdadero impacto de ENOS sobre el medioambiente. Tal vez esto nos permita cambiar su visión de futuro”, explica Jiménez.

Si no conseguimos convencer a los políticos, podría ser el final de este pequeño pingüino que, durante tantos años, ha conseguido sobrevivir contra viento y marea.